• Revista de comunicación política e institucional
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Trump Versus

La hiperactividad de Trump parece enmascarar una cuenta atrás como si el tiempo en la Casa Blanca jugara en su contra. El conjunto de las órdenes ejecutivas firmadas hasta la fecha le permitirían, con permiso del resto de poderes, realizar mediante su implantación 6 de las grandes propuestas estrella de su programa, promoviendo una revolución en la forma de afrontar los primeros días de mandato.

 

Si algo ha dejado claro Trump, además de que no está aquí para ir evaluando viabilidades, es que quiere que su mensaje llegue directo, contundente y claro, sin intermediarios. La colisión directa con los medios de comunicación (tan solo ha concedido una entrevista a la FOX con O´Reilly) a los que trabaja por deslegitimar como entidades al servicio del establishment demócrata se acompaña, en el corto plazo, por el uso de Twitter como mecanismo preferencial de comunicación de las decisiones presidenciales (tan simples que caben en 140 caracteres) y a más largo plazo por una plataforma de datos directamente salidos de la sede presidencial donde relatar sin modificación alguna el discurso de Trump.

 

El enfrentamiento con el cuarto poder, prontamente escenificado, se suma a las ya evidentes diferencias respecto al poder judicial –a propósito del veto migratorio– y la futura indisciplina de congresistas y senadores republicanos. Parece que el discurso de Trump quiere situarse, precisamente, en este campo de enfrentamiento con estos poderes no tan revestidos de la fuerza popular que un mandatario tiene en un sistema presidencialista. La tensión comunicativa, el maximalismo, y la tendencia hacia un modelo de democracia delegativa serán las tónicas generales de su presidencia.

Con un vistazo rápido a los medios de comunicación, vemos que durante las últimas dos semanas no hay día en el que Donald Trump no tenga un enfrentamiento con algún famoso, actor, presentador o multinacional y en esto Trump también está rompiendo con los esquemas tradicionales. No acepta intermediarios ni esperas, simplemente lanza una respuesta, rápida, simple, directa y sobre todo polémica a través de las redes sociales y (destacable también) desde sus canales personales y no a través de los institucionales.

Sin duda estamos ante una evolución frenética y que en cualquier momento puede cambiar de rumbo, pero que sin duda (y como en cierto modo era de esperar de un showman como Trump) ha captado la atención de los medios tradicionales y de múltiples personalidades que no han dudado en lanzarse a un enfrentamiento directo contra el reciente presidente electo.

En definitiva, el presidente americano está caracterizando su gestión por un continuo uso de la comunicación negativa en la que, como si de una guerra de guerrillas se tratara, el gobierno tuviera que luchar batalla tras batalla contra el resto del establishment. Si bien la negatividad es una tendencia que caracteriza a las campañas electorales americanas (Crespo et Al., 2006:37), no podemos afirmar que caracterice del mismo modo a los gobiernos estadounidenses. De hecho, nos encontramos ante la primera vez en la que un jefe de estado del país utiliza dicha comunicación de manera diaria.

Por tanto la pregunta es, ¿aguantará el gobierno de Trump una legislatura completa basando su lenguaje y su comunicación en el ataque? Garramone o Hill entre otros nos advierten del efecto rebote de esta comunicación, es decir, puede alimentar una mayor formación de evaluaciones y sentimientos negativos hacia el atacante que hacia el atacado.

 

Sin embargo, lo más preocupante es que este tipo de comunicación y acción política deriva en un desprestigio general de la clase política que, de manera segura, termina en un desprestigio aún mayor de las instituciones, lo que puede hacer peligrar el sistema democrático. Al final, siempre son los cuadros más ilustrados los que antes dejan de creer en el sistema ante este tipo de situaciones, lo que hace que la clase menos ilustrada permanezca durante más tiempo fiel al sistema político.

 

No cabe duda de que Trump va a suponer un reto para el conjunto de países occidentales que, durante años, se han intentado abrazar al país americano para frenar las aspiraciones rusas. Comienza una nueva etapa en la geopolítica mundial, no sabemos si más peligrosa o más incierta, pero seguro que más interesante.

 

Por José Javier Espinosa López, José Miguel Rojo Martínez y José Luis Ros López

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