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TAN LEJOS DE DIOS

TAN LEJOS DE DIOS

Fuente: La Verdad de Murcia. 1 de febrero.

Antonia Martínez

Catedrática de Ciencia Política

 

Una de las frases mexicanas más populares, expresada por un Presidente decimonónico de dicho país, es: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”. Los acontecimientos de los últimos días parecen mostrar que esa expresión puede ser aplicable a más países.

Hay, al menos, tres enseñanzas de las decisiones de Trump desde que es Presidente. Primera, es un hombre de palabra. Segunda, los acuerdos se la traen al pairo. Tercero, confunde las relaciones internacionales con un programa de “gana el que tenga más testosterona”.

Durante la campaña repitió hasta la saciedad muchas, nos parecían, sandeces. Y, a diferencia de muchos políticos, entre ellos los nuestros, que dicen una cosa en periodo preelectoral y otra cuando ganan, Trump tiene palabra. Está haciendo, exactamente, lo que dijo. Primero el muro. Como síntoma de su desprecio por todo lo que él entiende que no es norteamericano. Como ejemplo de lo que considera que debe ser USA. Un país que defiende, ahora, el modelo proteccionista. Acabáramos. Un modelo que en la España franquista se llamó autarquía. Que en la América Latina de la época de la tele en blanco y negro se llamó “sustitución de importaciones” y que, en todos sitios, ha mostrado sus ineficiencias. Si a alguien beneficia el modelo proteccionista que Trump propone, como la gran panacea, para recuperar la “American greatness” es a las grandes multinacionales que tendrán un mercado cautivo mientras nos seguirán vendiendo coches, teléfonos, ordenadores y Coca-cola. Pero no es responsable Trump de este enloquecimiento (quizás sea la laca). Durante las últimas décadas, teóricos de la política, entre otros, llevan insistiendo en la idea de que la globalización económica debía ser gobernada. Dicho en cristiano. El mercado no iba a combatir las exclusiones sociales. Debía ser el Estado con planteamientos transestatales y transnacionales. La culpa de la locura de Trump (al menos en este tema, no sabemos en lo demás quien es el responsable) es, sin duda, nuestra clase política. La de Murcia, la de España y de ahí para arriba. No han gobernado la globalización, ni se les espera. Creo que en esto estoy con Nuria Espert…quizás son analfabetos.

El tema del muro estará presente durante muchos meses. Ahora nos queremos. Después no tanto. Les pondremos impuestos. Les quitaremos las remesas. Amenazaremos con expulsiones, etc, etc. Yo tengo, sobre todo, curiosidad por saber qué van a hacer los mexicanos, además del impacto de ver a Slim. Como mínimo, me los imagino “ayudando” a que la frontera sea más porosa de lo que lo ha sido hasta la fecha y facilitando que determinado tipo de “productos” lleguen más fácilmente a los consumidores norteamericanos. Y se me ocurren unos cuantos más que no menciono: son todos delitos…la imaginación, todavía, es libre.

Los acuerdos también le son indiferentes. El Tratado de Libre Comercio ha estado vigente durante 23 años y Trump lo pone en cuestión con un tuit. Esto se llama eficacia de las nuevas tecnologías.  Al menos los ciudadanos de Gran Bretaña, para hacer lo mismo con la UE, se han tomado la molestia de hacer un referéndum y negociar (o en algún momento lo harán). Pero a Trump le gusta su teléfono móvil y las órdenes ejecutivas. Ni tan siquiera tiene el interés, no digamos ya la sensibilidad o la empatía, de buscar acuerdos con su Parlamento. Para qué perder el tiempo, imagino que pensará, si yo soy el nuevo emperador del paralelo ungido por la sabiduría.

Las órdenes ejecutivas de esta semana han sido de un tremendo calado. Sin negociación de ningún tipo con ningún sector, ni económico ni político, se ha cargado, en dos días, lo que ha sido el eje de la política económica norteamericana desde siempre, pero sobre todo desde la época de Ronald Reagan, por mucho que Theresa May (con h) no lo quiera ni pensar. Es un terremoto de considerable envergadura e implica el replanteamiento de USA en la esfera internacional, el menos en términos económicos.

Pero también en términos geoestratégicos nos tendrá alguna sorpresa, por mucho que los líderes de distintos países europeos (incluso la premier británica) le digan que ni Putin es tan bueno ni la OTAN tan prescindible como pudiera pensar. Si no fuese por lo terrible que es daría risa. Estamos asistiendo al desmantelamiento de las bases políticas y económicas de las últimas décadas. Y ello en sí mismo no es ni bueno ni malo. El problema son las formas. Trump representa lo peor del estilo norteamericano. Es algo así como Billy el Niño, pero en feo. Y lo que da más miedo es que no hay discurso del otro lado. Hollande y Merkel dicen que la respuesta es más Europa. Pero eso suena tan antiguo y tan vacío. Rajoy sigue esperando a que llueva y a los demás ni están ni se les espera.

 

 

 

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