• Revista de comunicación política e institucional

Incertidumbre en presidenciales de Costa Rica: protagonizan los indecisos y el miedo

El cementazo empaña el arranque de campaña

El ensombrecido contexto en el cual inicia la campaña augura un desenlace igual de incierto, con la esperanza de equivocarnos, por supuesto. El caso denominado “el cementazo” refiere a una serie de informaciones publicadas por la prensa, sobre el tráfico de influencias, en el otorgamiento de un crédito para la importación de cemento chino, con miras a la ruptura del duopolio imperante en el mercado del cemento. Este caso resultó tener más conexiones que las denunciadas inicialmente. En el caso se vieron involucrados actores de los tres poderes de la República.

Esto hizo que la campaña electoral iniciara de manera tímida, dado que hay involucrados en los partidos políticos que han gobernado el país y que han participado en el congreso, en las últimas décadas.

El “cementazo” ha desencadenado procesos de investigación judicial y legislativa que van de la destitución o suspensión de magistrados, al mismo fiscal general hasta cuestionamientos al Presidente de la República y prisión preventiva a directivos del Banco de Costa Rica y al empresario importador del cemento chino.

Sin duda, lo anterior ha reforzado la idea popular que todo lo que tiene que ver con política y políticos es “corrupto”, lo que definitivamente produce temor, paraliza y exige cautela ante un nuevo proceso electoral. Los partidos políticos han tomado decisiones en medio de la campaña, que hacen eco de este temor, como una forma de limpiar el rostro: el PLN separó de sus filas al jefe de campaña y a uno de sus candidatos a diputado, que fueron cuestionados por este caso.  De los partidos más lesionados por el “cementazo” en términos de percepción ciudadana han sido el PAC (oficialista) y el PLN (el que más veces ha ocupado la Presidencia de la República en los últimos 50 años), lo que no deja de afectar sus campañas y su posicionamiento en intención de voto.

Población Indecisa lleva la delantera

A menos de un mes de las elecciones presidenciales parece que la alquimia necesaria para atraer a los principales protagonistas, no se logra: las personas indecisas. A inicios de la contienda (octubre 2017), según datos de la encuesta de la UCR, los indecisos representaban el 40% de los decididos a votar, mientras que en la encuesta de diciembre, este porcentaje bajó al 34%, lo que genera una gran expectativa para enero del 2018. La ciudadanía está a la espera de más y mejor información o tal vez, de un encantador de serpientes que logre atraer la atención de los más desmotivados, a pesar de lo nefasto que esto puede resultar.

Como se muestra en el cuadro siguiente, la evolución de la intención de voto “si las elecciones fueran hoy” se observa que ninguno de los 13 competidores alcanza el 40% de los votos, lo que sugiere que habrá segunda ronda, según el mandato constitucional. Este escenario es el más probable, lo que genera mayor expectativa, dado que la elección primera obliga a calcular el voto de una manera diferente, ya no en función del posible ganador sino en función de los posibles competidores en una segunda ronda.

De igual manera, esta intención de voto es medida para el caso de las diputaciones, que serán definidas (57 curules que conforman la Asamblea Legislativa) entre más de 25 partidos (nacionales y provinciales). Cuya elección no tiene la misma visibilidad que las nóminas presidenciales.

  SI LAS ELECCIONES FUERAN HOY:

¿POR QUIÉN VOTARÍA PARA PRESIDENTE? EN PORCENTAJES

(entre las y los totalmente decididos: 959 casos,

el 61% de las personas encuestadas)

INTENCIÓN DE VOTO OCTUBRE NOVIEMBRE DICIEMBRE
Personas Indecisas 40 37 34
Castro (PIN) 13 15 18
Álvarez (PLN) 20 15 14
Piza (PUSC) 11 11 13
Hernández (PRSC) 2 5 8
Alvarado (PAC) 6 4 5
Otros Candidatos 3 6 3
F. Alvarado (PRN) 2 3
Araya (PFA) 2 2 1,5
Guevara (PML) 3 3 0,5
Total (%) 100 100 100
Nota: los candidatos se ordenan a partir de los datos de la última encuesta (diciembre 2017). El original incluyó agosto y la columna de diferencias.

Fuente: Encuesta de Opinión Pública CIEP-ECP dic. 2017: p.6,

En lo referente a las estrategias, se observa que Juan Diego Castro (JDC), tiene una política en redes muy agresiva: va de bloquear a diferentes influenciadores, analistas y periodistas hasta acusar con improperios a sus contrincantes. Este polémico candidato ha sido objeto de memes y ha dado declaraciones en contra de su principal contendiente, Antonio Álvarez Desanti (AAD), quien parece ser su blanco favorito.

Aunque se presenta como una outsider de la política, este abogado, que ha prometido “mano dura” contra la corrupción y los delincuentes, sale de las filas del PLN y es muy cercano al expresidente José María Figueres (quien se disputó la candidatura del PLN en las internas), fue su representante legal en el caso Chemise, así como Ministro de Justicia y de Seguridad durante el mandato de Figueres (1994-1998).

Por su estilo autoritario, ha sido blanco de críticas, las cuales no son bien recibidas. El director del diario La Nación indicó que “Ha estado buscando una confrontación con el periódico … Quizás le han convencido de que funcionó en otras latitudes, como en el fenómeno populista de Donald Trump. Es una característica del populismo hacerse ver como víctima. Lo hace con los medios que le son críticos”

JDC, quien encabeza las intenciones de voto, ha desatado el miedo entre algunos sectores intelectuales, progresistas inclusive entre conservadores, por su tono amenazante. Según la encuesta de OPOL Consultores, la mayoría de las personas que están decididas a votar por JDC son hombres, lo que obliga a reflexionar sobre el peso del género en esta contienda, y los estereotipos de masculinidad dominantes. De 13 candidatos a la presidencia, 12 son hombres y solo una mujer (Partido Renovación Costarricense), lo cual habla bien de la cultura política nacional.

Por su parte, la campaña de AAD no termina de acomodarse, ya que el candidato liberacionista recibe influencias del sector arista, es decir, de la corriente liderada por el expresidente Oscar Arias y su hermano, y rechazo del sector Figuerista. Además, de un PLN dividido, el candidato ha protagonizado desafortunadas declaraciones, por ejemplo, en mayo del 2016, cuando fue electo presidente del directorio legislativo alegó que ese sería su último puesto en la función pública. “… esto no cambia mi visión de que mi carrera política activa como funcionario, termina el 30 de abril del 2018. Ayudar a algún candidato u opinar, es algo que seguiré haciendo en Liberación.”

Además, para la elección del 2006, AAD participa como candidato por el partido Unión para el Cambio, fuera del PLN, al cual regresa a sus filas, como diputado 2014-2018 y ahora como candidato presidencial. Lo anterior suma a la desconfianza que este candidato puede provocar entre el electorado indeciso. Como puede observarse en el cuadro, a diciembre del 2017, AAD estaba en empate técnico con el tercer contendor, aunque desde octubre no ha dejado de descender.

El tercer candidato que se disputa estas frágiles intenciones de voto, que ninguno supera el 20%, es Rodolfo Piza (RP), del PUSC, partido que resurge de las cenizas, después de haber sido enjuiciados dos expresidentes de la Republica, salidos de sus filas, por presuntos actos de corrupción. Sin embargo, el líder fundador del PUSC, hijo de otro de los protagonistas de la guerra del 48, el expresidente Rafael Ángel Calderón Fournier, se separa del partido y funda el Partido Republicano Social Cristiano (PRSC), el que sin duda le resta votos al PUSC, con el candidato el Dr. Hernández, quien fuera candidato del PUSC para la contienda del 2014 y que como se aprecia en el cuadro, la piza los talones al PUSC en intención de voto, en el cuarto lugar.

Estrategias compiten con agendas

Dentro de este panorama, la expectativa y el miedo a un “Trump Tico” aumentan, oportunidad que es aprovechada por los sectores más conservadores, como las agrupaciones de corte religioso que participan en la contienda: el Partido Renovación Costarricense (PRC), partido Restauración Nacional (PRN), Partido Alianza Demócrata Cristiana entre otros, que han tenido representación en el congreso en las últimas elecciones y además, han sumado en alianzas para la elección del directorio Legislativo así como para frenar proyectos que buscan el avance en materia de derechos humanos de poblaciones en desventaja histórica, como la población LGTBI, la fecundación in vitro, las mujeres, los derechos sexuales y reproductivos y la lucha contra la violencia de género, entre otros.

Estos grupos se sumaron masivamente a la marcha por la “Vida y la Familia” convocada por la iglesia católica a inicios de diciembre 2017, en la cual participaron sectores muy diversos de creyentes. Sin embargo, la manifestación fue políticamente rentabilizada por muchas más agrupaciones que las de corte evangélico-cristiano, como por ejemplo el PUSC, el PLN y el mismo PRSC. A simple vista, la marcha tenía un lema que nadie puede resistirse a defender, sin embargo, la idea políticamente detrás de “la vida y la familia”, estaba en el combate a la implementación de una legislación ya existente, la despenalización del aborto terapéutico, en caso de riesgo de la vida o salud de la madre. Así como, el combate al matrimonio igualitario, tratando de homologarlo al sacramento del matrimonio. Ambos asuntos, son tratados a partir de los dogmas de fe, cuando se tratan en realidad de reconocimiento de derechos humanos fundamentales. De esta confusión entre fe y decisiones políticas, sacan provecho electoral muchos partidos políticos, gracias a la participación de candidatos a la presidencia como al congreso de pastores y predicadores evangélicos y cristianos, quienes gozan de doble tribuna: la mediática y los púlpitos para llamar al voto.

Esta injerencia de la religión o los dogmas de fe en la toma de decisiones políticas son otro factor que ensombrece estas elecciones, dado que la defensa y lucha por el reconocimiento de derechos fundamentales a ciertas poblaciones se convirtió en la consigna odiosa de repudio en esta manifestación.

Aunque la Iglesia católica niega haber convocado con fines políticos, lo cierto es que la marcha se politizó y además, fue una especie de manifestación de fuerza que reflejó un poco “el poder masivo” de estos sectores, lo que parece responder al conocido concepto de la “tiranía de las mayorías” acuñado por Alexis de Tocqueville y estudiado por autores diversos, como Gustave Le Bon en su estudio sobre Psicología de las Masas o Elisabeth-Noelle Neumann en su famosa teoría de la Espiral del Silencio. Todos estos autores coinciden en que ser mayoría no te da la razón ni hace justicita a quienes la necesitan.

Además, esta marcha se da en un momento crítico de la discusión sobre las guías sexuales y afectivas que el ministerio de Educación Pública ha estado promoviendo entre la población adolescente y resultó, además, ser la última actividad masiva que se da en la capital antes de la veda electoral navideña. De este tipo de manifestaciones salen eslóganes como el del PRSC “Mi compromiso es con su familia”.

Y finalmente, los sectores con agendas progresistas están representados en el PAC, el FA (quinta y octava posición respectivamente en el cuadro) y otros partidos menos conocidos o que participan por primera vez en esta elección, ubicados más hacia el centro e izquierda del espectro ideológico, como es el caso del partido provincial josefino Vamos (que lleva a una mujer trans como candidata a diputada).

Llama la atención que el partido oficialista se ha mantenido técnicamente alrededor del 5% en estos meses de campaña, si bien su consigna #yoCreo trata de remover las percepciones negativas que nublaron la labor del actual gobierno, del cual Carlos Alvarado era el ministro de Trabajo al momento de asumir la precandidatura, el caso del “cementazo” marcó la labor presidencial del gobierno “del Cambio” de Luis Guillermo Solís y por tanto, hay una especie de cobro al candidato oficialista, el más joven de los participantes. Además, tiene una agenda abiertamente pro derechos de la población LGTBI, uno de sus candidatos a diputado por la provincia de San José, se ha declarado gay y defensor del matrimonio igualitario, lo que puede significar un riesgo, en términos electorales, en medio de tanta incertidumbre y miedo. Sin embargo, es de reconocer que el partido oficialista no ha cedido un solo paso en su agenda, lo que al final puede resultarle redituable, dado que no se presenta como un “candidato oportunista”.

Por su parte, Edgardo Araya, el candidato del PFA tiene la ventaja de que forma parte de una fracción legislativa considerablemente grande (9 diputados) si se compara con la del periodo 2010-2014, que era unipersonal. El PFA, abiertamente de izquierda, carga con el peso del fantasma anticomunista que recorre el imaginario político costarricense. Quizás eso explique su octavo lugar en las intenciones de voto.

Sin posibilidades de predicción electoral, afortunadamente, este breve recorrido por el contexto y algunas de las estrategias de campaña de los principales contendores deja más interrogantes que respuestas, sin embargo, permite dar seguimiento al desarrollo de la campaña presidencial costarricense, cuya última palabra la tienen los electores, el 4 de febrero del 2018.

Gina Sibaja Quesada
Politóloga, profesora universitaria

Compartir
Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterEmail this to someone